AUTOCONSCIENCIA, LA LLAVE. PARTE I

“Conócete a tí mismo” decía Sócrates, (para much@s el filósofo más importante de todos los tiempos), que el hombre sabio es el hombre que se conoce a sí mismo. Conocerse a sí mismo era para Sócrates, escucharse y encontrar dentro de sí las verdades universales, las inmutables, aquellas que nos permiten estar en paz con nosotr@s mism@s, con nuestro entorno y con los demás. La Mayéutica era para él el arte de hacer nacer esas verdades profundas, a menudo escondidas y olvidadas. En la antigua Grecia se decía que nada puede ser realmente conocido sin conocerte primero a tí mism@.

Daniel Goleman en su libro “Inteligencia Emocional”, plantea nuestro autoconocimiento como el hecho de conocer nuestros estados internos, nuestras preferencias, recursos y también nuestras intuiciones.

Más allá de la falsa sensación de separación que nos proporcionan nuestros egos, lo cierto es que somos parte del todo que entendemos como Universo. Y como criaturas del Cosmos que somos, hay una correspondencia entre esa parte íntima de nosotr@s representada en nuestro fuero interno, y lo que consideramos «grande o universal». Es como si el hecho de ser una ínfima parte de ese todo, nos posibilitara llegar a conocer las verdades de lo que representa.

Llevando la cuestión a un terreno más cotidiano y haciendo una valoración del autoconocimiento en términos de relaciones personales, hay que decir que la empatía o la tolerancia frente a quienes nos rodean son una consecuencia habitual directa de su presencia. De igual manera, dentro del mundo de la empresa, hay estudios como el llevado a cabo por la Universidad de Cornell y Green Peak Partners que indican que el autoconocimiento es también un indicador de éxito cuando se traslada a este ámbito.

Resulta evidente que cuanto más profundo es el conocimiento que tenemos sobre nosotr@s mism@s, tomar decisiones que nos afecten o afecten a los demás se convierte en un proceso más sencillo, pero el hecho de conocernos lo que posibilita fundamentalmente, es que nuestra vida vaya cobrando sentido a través de nuestra verdadera razón de ser.

¿ES FÁCIL LLEGAR A CONOCERNOS?

Desde luego, conocerse en profundidad no es un ejercicio fácil pero sí fascinante. El autoconocimiento cabalga a lomos de nuestro tránsito y la necesidad genuína de conocerse siempre viene acompañada de una búsqueda incesante de la verdad objetiva interna y externa.

EL AUTOCONOCIMIENTO NO SE COMPRA

El principal obstáculo para encontrar esa “Verdad Verdadera” es nuestro propio recorrido que hace que lo que percibimos sea un tanto “imperfecto”. Existen varios factores que necesariamente se interponen en el logro de un conocimiento real de lo que representamos, que deben ir siendo despejados como quien pela las capas de una cebolla para llegar al corazón de esta. Por un lado, la impronta genética con la que venimos al mundo (nuestras predisposiciones, instintos..), por otro, las huellas psicológicas que ha dejado el paso por nuestro desarrollo, y por último, la fuerza que sobre nosotr@s tienen los códigos de la cultura en la que estemos inmers@s (cuando se nos educa, se nos juzga…). Todo ello conforma un sistema de creencias capaz de distorsionar con fuerza la realidad que percibimos, que en esencia siempre es neutra.

Otra barrera la establece el propio nivel de inconsciencia de nuestra presencia y actos. Los psicólogos Matthew Killingsworth y Daniel T. Gilbert han constatado que más de la mitad del tiempo funcionamos en “piloto automático”, lo que quiere decir que en esencia, no tenemos consciencia de lo que haya podido suponer ese tiempo en nosotr@s. Sería algo así como “vivir un trozo de vida sin haberla vivido”, estar aquí físicamente mientras tu mente vagabundea de aquí para allá. ¿Imaginas cuanto cuanto tiempo se nos va en automático?

Saber quienes somos y a qué hemos venido no es algo que podamos instalarnos como quien instala un programa informático en su ordenador. Cada proceso de autoconocimiento será personal e intransferible y tendrá sus propios ritmos escenificados en sus diferentes formatos de vida, pero conocer, identificar y analizar los mecanismos que intervienen, puede ayudar a aumentar el tiempo que estamos realmente “en nosotr@s” y por lo tanto el tiempo que se puede considerar “vivido”.

CONTINÚA, II PARTE, (¿COMO CULTIVAMOS EL AUTOCONOCIMIENTO?)

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